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PATRIMONIO HISTÓRICO

EL CASCO URBANO

Se localiza a los pies de unos pequeños contrafuertes montañosos, siguiendo la tradicional disposición de los núcleos urbanos de origen árabe, hecho que condiciona la morfología de la trama urbana con sinuosas y estrechas calles. Hasta bien entrado el siglo XIX, Potries era un pueblo cerrado, había un muro que protegía la población y una serie de puertas que cerraban las entradas y salidas del pueblo. Estas últimas, las puertas de los portales del pueblo, fueron derribadas en el año 1862. Nuestro municipio aún conserva toda la autenticidad del típico asentamiento eminentemente rural, donde la mayoría de los edificios tienen la tipología clásica de las casas tradicionales de agricultores en nuestro país. Con una planta baja donde se sitúa el paso del carro articulando la distribución interna de los espacios, el patio al interior y, en el piso superior, la “cambra” para almacenar los productos del campo. Las calles de Potries esconden interesantes y singulares edificios que podréis descubrir paso a paso:

La Casa Ayuntamiento

Situada a la calle de Boamit, núm 26, constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura señorial del siglo XVII en el ámbito rural de nuestro país. Una esmerada restauración a comienzos de los años 80 hizo posible la conservación de este edificio, así como de algunos singulares elementos, como son las rejas de hierro forjado de la fachada, los más que interesantes pavimentos cerámicos, o la viguería de madera original de la casa. Tanto algunos elementos decorativos propios del renacimiento tardío, como la calidad de los materiales empleados en la construcción, nos ha permitido sugerir su cronología y asociarlo a las clases dirigentes y adineradas de la época. Hasta la fecha, tan solo hemos podido documentar, en las postrimerias del siglo XIX, el momento en el que se traslada el antiguo Ayuntamiento desde su antigua ubicación en la Plaza de la Iglesia a este imponente inmueble.

 

La Iglesia Parroquial de los Santos Juanes

La parroquia de Potries se constituyó al finales del siglo XVI, antes era una rectoría de moriscos perteneciente a Oliva. La iglesia tiene la tipología característica de la arquitectura religiosa de la época, planta de cruz latina inscrita en un rectángulo, con ámplia nave central, capillas laterales, crucero no emergente y torre-campanario ocupando el espacio de la primera capilla del lado de la epístola. Consideramos que ha habido, al menos, dos intervenciones que han ampliado la iglesia por la parte del evangelio.
La primera, ejecutada entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, que afecta fundamentalmente a las capillas laterales (haciendolas más grandes y cubriendolas con cúpula); así como a la fachada (acortandola y disponiendo en la parte superior un perfil mixtilíneo), ambas obras en la línea del barroquismo propio de la época. La segunda, llevada a cabo en el primero cuarto del siglo XIX, que supone la construcción de una nueva capilla, dedicada a Santo Blai, a la altura del crucero, es de planta de cruz griega cubierta con cúpula sobre pechinas y linterna; su concepción arquitectónica nos remite a las corrientes clasicistas dictadas desde la Academia de San Carlos de Valencia.

La Ermita del Santísimo Cristo de la Agonía

La ermita se localiza en la cima de un pequeño montículo, de 137 m. de altitud, al sudeste de la población. Su entorno está calificado de protección especial, por su valor ambiental y paisajístico, en las Normas Subsidiarias de Potries.

Un empinado camino flanqueado de cipreses, donde se ubica el Calvario, permite la ascensión desde el núcleo urbano hasta la ermita. Empedrado y escalonado, de vez en cuando, presenta un deficiente estado de conservación. En el tramo superior, el camino se bifurca y se curva hasta desembocar en una placita semicircular que se sitúa en frente del edificio de la ermita. La placita está toda rodeada por una barandilla de mampostería, con losas de piedra calcárea en la parte superior, y constituye un verdadero balcón sobre la huerta con unas magníficas vistas.
La ermita tal como hoy la conocemos, se construyó a mediados de del siglo XIX, aunque con anterioridad había una pequeña construcción que albergaba la imagen del Cristo, llevado allí después de la muerte de sus propietarios en el año 1799.

Las trazas de la ermita son obra del arquitecto Carlos Spain, de formación académica, del que sabemos fue arquitecto municipal de Valencia. Arquitectónicamente se puede encuadrar dentro de las corrientes neoclasicistas, de corte radical, que se prolongan durante la primera mitad del siglo XIX, bajo las premisas que dicta la Academia de San Carlos, aunque a caballo ya de los nuevos lenguajes arquitectónicos que comienzan a irrumpir en el contexto arquitectónico valenciano. Las obras se debieron prolongar hasta más allá del año 1861, ya que este año el Ayuntamiento decide trasladar el Cristo a la iglesia parroquial para poder acabar las obras de la capilla mayor de la ermita. Con todo en la fachada del edificio se puede leer una inscripción con la fecha de 1865, que suponemos responde al año de finalización de las obras o a la consagración de la ermita.

La planta del edificio es un cuadro de 15 m. de lado, donde debemos distinguir el templo propiamente dicho, que ocupa la parte central, y dos dependencias anexas que se adosan longitudinalmente a los laterales del templo. Su planta presenta una disposición de cruz griega inscrita en un rectángulo, con una orientación de norte a sur, los brazos del crucero no emergentes, capillas angulares, transagrario y un atrio o vestíbulo a los pies. Los cuerpos laterales tienen una planta en forma de L, con patio posterior, estando el espacio interior del cuerpo oriental compartimentado y adaptado como vivienda del ermitaño.
Exteriormente el aspecto de la ermita es macizo, suavizado por los juegos que crean los volúmenes arquitectónicos visibles al exterior, y que se corresponden con la original distribución de los espacios interiores.
La fachada es de una sobria y elegante concepción neoclásica, dividida en tres cuerpos, en relación a la división del edificio en planta. La portada, de obertura adintelada, articula un orden toscano de dobles pilastras, estando los intercolumnios perforados por estilizados vanos de arco rebajado. La fachada está rematada por medio de un frontón triangular, con òculo ciego en el tímpano y coronado por la pequeña espadaña con la campana. Hay que destacar la práctica ausencia de motivos decorativos, los cuales se restringen al cuerpo principal o a las inscripciones del piso superior. Con todo, la disposición simétrica de los vanos aligeran la robustez de la fachada y crean un delicado juego de macizos y huecos, de luces y sombras.

El vestíbulo o atrio, que precede al templo, es un pequeño espacio cuadrangular de 5 m. de lado, donde hay que destacar la situación de los accesos al templo y a los cuerpos laterales del edificio, un banco corrido adosado a las paredes, donde se localizan varios plafones de azulejos cerámicos que rinden homenaje a personajes relacionados con la ermita, realizados con motivo de la conmemoración del centenario en el año 1954. Por encima del atrio se sitúa el coro abierto al interior del templo.

 

El interior del templo, de una sobria sencillez, reproduce a pequeña escala modelos arquitectónicos del más puro clasicismo radical académico. Un orden jónico de pilastras cajeadas sobre pedestales articula el alzado. El sencillo entablamento, de friso liso continuo, recorre el perímetro del templo, interrumpido en algunos puntos por recuadros, a modo de lápidas conmemorativas con inscripciones en latín, de evidente connotación clásica. Las naves se cubren con bóveda de cañón y arcos fajones, y en la intersección de la nave y el crucero se eleva una cúpula con tambor octogonal sobre pechinas. a los pies del templo, sobre el atrio, se sitúa el coro, que se prolonga sobre las dos capillas laterales. Pequeños pasos permiten conectar las capillas laterales con los brazos del crucero y estos con los amplios accesos en con los altares del nacimiento y la Divina Pastora que conducen al transagrario, situado detrás del altar mayor, con acceso a la hornacina donde se sitúa la imagen del Cristo.

La plástica arquitectónica domina sobre la decoración. Esta, fundamentalmente pictórica, se restinge a la capilla mayor y a las pechinas de la cúpula. Asimismo, debemos resaltar que la policromía original, aplicada a los altares, fustes de pilastras e intradós de los arcos, y que singularizaba enormemente el concepto arquitectónico clásico del interior del templo, se vio alterada por una intervención redecorativa en los años 80 muy poco acertada, y que de alguna manera altera la visión global del templo en su sentido original.
Las pinturas son obra del pintor Luis Téllez-Girón y Belloch. Utiliza la técnica del fresco, en las pechinas representa personajes bíblicos inscritos en ovalos, a saber: Jeremias, Daniel, David e Isaías. Sobre el altar mayor, adaptada a la forma semicircular del arco del testero, se representa la Transfiguración de Cristo, mientras que en el intradós de la bóveda aparece la imagen del Santo Padre inscrito en un ovalo. También debemos comentar que en el altar mayor se dispone una hornacina central que alberga la imagen del Cristo de la Agonía, magnífica talla policromada del siglo XVIII.

La Cassoleria de Ángel Domínguez

Nos encontramos ante el ùltimo testigo de la importante actividad alfarera en nuestro municipio; de una manera de vivir y trabajar que constituye una parte fundamental del legado cultural de nuestros antepasados. El inmueble está situado en la calle del Cup nº6, en un sector del casco urbano donde se localizaban varias alfarerías, concretamente tenemos documentadas en este sector 5 industrias en producción a comienzos del siglo XX, aunque en el municipio habían un total de 18 industrias.
La casa no ofrece ninguna distinción en cuanto a técnicas constructivas respecto al resto de edificios de los alrededores. El edificio es el característico de la arquitectura urbana saforenca. Se construyó, probablemente, a finales del siglo XVIII, es una casa de dos plantas, con dos cuerpos y el patio interpuesto.

La planta baja, a dos manos y con el acceso adintelado, es la que hacía básicamente de vivienda. La planta superior es una cámara diáfana, sobreelevada mediante pilares y arcos ciegos, sin separaciones internas y cubierta altísima a dos aguas.

La parte adscrita a la vivienda tiene una superficie de unos setenta metros cuadrados, frente a los ciento cincuenta metros vinculados a los asuntos artesanales propios del oficio.
En la planta baja, la primera y segunda crujía son el lugar de vivienda de la familia alfarera, mientras que la tercera crujía y la cambra o planta superior, juntamente con el patio o los cobertizos adyacentes, constituyen el sector artesanal del edificio.


En el patio, largo y estrecho, se sitúan las balsas de decantación de lo arcilla. A la izquierda del patio, el taller dispone de una pequeña sala, con acceso desde la tercera crujía y desde el patio, donde se almacenaba el barro ya preparado. Un cobertizo adyacente se utilitzaba para almacenar la leña para abastecer el horno.
La tercera crujía de la planta baja contenía los tornos y el molinillo de moler y triturar los óxidos, necesarios para aplicar el vidriado a las piezas. En la cambra se aplicaba el barniz, mientras que un sistema de estantes adosados a las paredes aseguraba el proceso de secado y almacenamiento de la producción antes de su cocción en el horno.


El horno, situado al fondo del patio y separado con un cobertizo con techo a un agua, es de tiro vertical, con elementos estructurales construidos con ladrillos o mamposteados de piedra unida con mortero de arcilla.
El horno de abajo o cámara de fuego, tiene una apertura de acceso con un arco de medio punto. El interior, de sección rectangular, presenta un banco corrido y un hueco en el centro para la deposición de las cenizas. Una parrilla perforada separa las dos cámaras superpuestas.
Del horno de arriba o cámara de cocción, no conocemos su interior por estar tapada la puerta de acceso. Sobre la cubierta las toberas aseguran el control de la cocción.
Este horno, en los primeros años del presente siglo, era utilizado al mismo tiempo por tres talleres: por la cassoleria que ahora presentamos, propiedad de Ángel Domínguez, y por las dos adyacentes, la de Simeón Tarrazó y la de Fernando Domínguez.

 

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