RESTOS ARQUEOLÓGICOS

ENEOLÍTICO – EDAD DEL BRONCE

El término de Potries presenta vestigios arqueológicos que dan testigo de la presencia de comunidades humanas, al menos desde la edad del Bronce. Es muy probable que los orígenes de la cerámica en Potries se remonten al Neolítico, hecho confirmado por la existencia de un yacimiento arqueológico de esta época en la montaña de los “Penyascos” y de una necrópolis asociada, situada cerca del río Serpis. La primera referencia escrita de este yacimiento la hace el vecino de Potries, médico rural y arqueólogo aficcionado, Simeó Peiró Frasquet. A mediados del siglo XX informa de un primer yacimiento en la partida Casa Fosca-Horteta asociado a los ritos funerarios del neolítico, es decir, nos documenta una necrópolis o cementerio con una cronología de entre 2.500 y 1.500 años antes de Cristo, con tumbas tipo túmulo, restos óseos humanos y materiales líticos, destacando tres hachas de piedra pulida. Igualmente, en este mismo yacimiento de la necrópolis, sitúa la aparición de varios fragmentos de un mismo objeto de cerámica negra con una decoración incisa representando motivos geométricos, bandas, triángulos. También recogió una pequeña pulsera hecha con conchas, aparecida en la Casa Fosca junto con fragmentos de cerámica lisa.

Teniendo en cuenta el emplazamiento geográfico, las estructuras comentadas y los restos materiales, al parecer estamos ante un poblado de la edad del Bronce Valenciano con una cronología entre el tercero y el segundo milenio antes de Cristo, el cual se extendía desde la cumbre del cerro de los Penyascos, y seguramente también del cerro de la Marta. A continuación hace referencia a un hallazgo fortuito en la montaña de los Penyascos, que pensamos está cultural y cronológicamente relacionada directamente con la necrópolis del plano. Se trata de un fondo de cabaña donde aparecieron junto los restos de un muro de piedra, unas mazas de piedra pulida y otros utensilios igualmente de piedra, pero también dos boles de cerámica hecha a mano sin cocer, junto con diferentes restos de cerámica, con los cuales reconstruyeron una vasija lisa sin decoración, de 40 cm. de diámetro y 22 de profundidad, que disponía de dos asas a cada lado, una situada en horizontal y la otra en vertical. Continuando por las vertientes de los cerros, hacia la llanura, antes de la orilla del río, encontramos el lugar utilizado, como hemos visto, para el enterramiento de los miembros de la comunidad. Puede ser que algún miembro de estos primeros grupos asentados en nuestro territorio durante el tercer milenio antes de Cristo, cultivara las terrazas naturales que se extienden desde los cerros hacia la llanura y el río; seguramente cazara, pescara o llevara a pastar su rebaño por el salvaje territorio circundante; pero también, debió de aprovechar las buenas tierras y el agua que tenía a su alcance para fabricar objetos cerámicos, formando parte de su bagaje cultural desde hacía tiempo. Es por eso que los consideramos los primeros alfareros de Potries.

Restos Arqueológicos de la “Campina-Catorcena”

El yacimiento de la Campina-Catorcena documenta la intensa romanización de los espacios rurales mediterráneos en el siglo I d.C. Unas magníficas condiciones geográficas, de fértiles llanuras y aguas, junto a unas condiciones climáticas favorables, facilitaron el asentamiento de numerosas villas agropecuarias en la Safor.

Aunque hoy muy arrasada, la villa de la Campina-Catorcena supone un espacio edificado noble como residencia del propietario, junto a varias dependencias y anexos, como las casas de los sirvientes, los almacenes, corrales; pero, sobre todo, la alfarería, de la cual quedan restos evidentes a la partida de la Campina-Catorcena.

Esta se sitúa en la orilla derecha del río Alcoi o Serpis, donde los depósitos de las terrazas fluviales son arcillas rojas de calidad, aptas para su aprovechamiento como materia prima. Su producción más representativa fue la de ánforas destinadas al transporte y comercialización del vino y el aceite local, que a través del mar llegaban en barco hasta la península de Italia y Roma. Los tipos más frecuentes son los contenedores de vino, producto que debió de ser la base de la economía de la villa, mientras que las ánforas para el aceite están menos representadas, lo que hace suponer una producción más restringida de aceite. Además, el registro arqueológico documenta la producción de materiales de construcción: tejas, baldosas, tubos, etc. así como una amplia muestra de tipologías de cerámicas comunes. Son también abundantes los fragmentos de cerámicas importadas y de lujo, sobre todo de cerámica sigilada.

Restos Arqueológicos en el casco urbano de Potries

Hacia los siglos XV y XVI Potries estaría habitado exclusivamente por musulmanes y estructurado por un casco urbano de aproximadamente cien casas agrupadas alrededor de la actual Plaza de la Iglesia, incluidos las calles de Dalt y Boamit, delimitado al norte por el trazado de la acequia del Rebollet, al sur por la calle de Dalt, al oeste por la calle del Cup y al este por las calles Abadía Vella y Enguix. Saliendo del núcleo de casas en dirección este, hacia la Font, se situaría el cementerio musulmán ocupando el espacio de la actual plaza del País Valencià, extendiéndose hasta el barranco, que desde los Tossalets desaguaba hacia el norte. Cruzando el barranco nos encontraríamos con la “cantarería”, un espacio artesano, edificado a modo de arrabal, a extramuros del pueblo.

Descubrimientos de vertederos de restos cerámicos en la avenida de la Constitución (antigua calle Barranco), así como en la calle San Juan Bautista de Potries, testimonian la producción alfarera en Potries.

Todo esto, ha sido corroborado después de la interesantísima excavación de urgencia realizada en la calle San Salvador en el año 2000, justo el espacio que ocupaba la antigua cantarería del señor. Las fuentes documentales nos hablan de la “cantarería” que contribuía a los ingresos de la Señoría, por lo tanto era monopolio económico del señor, y estaba especializado en la fabricación de objetos cerámicos. La excavación arqueológica nos permitió documentar una parte del sector de los hornos. Estos, de planta rectangular, se situaban excavados aprovechando el desnivel de un terreno arcilloso, que quedaba endurecido por la acción del fuego, y estarían seguramente alineados por un estrecho callejón de acceso a los mismos. Disponían de dos cámaras superpuestas, la de fuego y la de cocción y, uno de ellos, aparecía totalmente lleno de materiales cerámicos. Se trata de una producción conjunta de cerámicas de fuego y mesa, con cubierta vítrea, cerámicas comunes y pintadas, además de formas de azúcar y porrones para abastecer las factorías de transformación y refinado de la caña de azúcar en la comarca. Los tipos y técnicas empleadas nos remiten a una producción consolidada y característica entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del siglo XVII. Con todo queremos destacar la cantidad de formas de azúcar, grandes y pequeñas, así como los porrones producidos hasta el siglo XVII en Potries que, junto a los de Oliva, constituye una singular producción alfarera en el contexto comarcal.