ERMITA Y CALVARIO

1.- DESCRIPCIÓN DEL CONJUNTO ARQUITECTÓNICO:

La ermita se localiza en la cumbre de un pequeño montículo, de 137 metros de altitud, al sudeste de la población. Su entorno está calificado de protección oficial, por su valor ambiental y paisajístico, en las Normas Subsidiarias de Potries.

Un pronunciado camino flanqueado de cipreses, donde se sitúa el Calvario, permite la ascensión desde el casco urbano hasta la ermita. Empedrado y escalonado, es un camino con una pendiente acentuada. En el tramo superior, el camino se bifurca y se curva hasta desembocar en una plazoleta semicircular que se sitúa ante el edificio de la ermita. La plaza está toda rodeada por una barandilla de mazonería, con losas de piedra calcárea en la parte superior, y constituye un verdadero balcón sobre la huerta con unas magníficas vistas.

Fue construida por los vecinos del pueblo bajo la dirección del arquitecto Carlos Spain a mediados del siglo XIX, aunque con anterioridad, en el conjunto del Calvario había una pequeña construcción que desde el año 1799 albergaba la imagen del Cristo. De esto nos habla un libro publicado en el siglo pasado, por el hijo de Potries, escolapio y pedagogo, Fernando Garrigós, titulado: “Historia septenario y gozos a Cristo Señor Nuestro crucificado en la milagrosa imagen que con el nombre de la Agonía se venera en el Ermitorio del Calvario de Potries”.

La ermita del Santísimo Cristo de la Agonía.

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La ermita reproduce, a pequeña escala, los modelos arquitectónicos neoclásicos que se prolongan durante la primera mitad del siglo XIX siguiendo las premisas que dicta la Academia de San Carlos de Valencia. Las obras se iniciaron en 1854, año que dice la tradición la intercesión del Cristo salvó de una epidemia de cólera a la población, y se tuvieron que prolongar hasta más allá del año 1861,  puesto que este año el ayuntamiento decide trasladar el Cristo a la iglesia de los Santos Juanes para acabar la capilla mayor de la ermita. Hay una inscripción en la fachada donde aparece la fecha de 1865 como posible finalización del templo.

La planta del edificio es un cuadrado de 15 metros de lado, donde tenemos que distinguir el templo propiamente dicho, que ocupa la parte central, y dos dependencias anexas que se adosan longitudinalmente a los laterales del templo. Su planta presenta una disposición de cruz griega inscrita en un rectángulo, transagrario y un atrio o vestíbulo a los pies. Exteriormente, el aspecto de la ermita es compacto, suavizado por los juegos que crean los volúmenes arquitectónicos visibles al exterior, y que se corresponden con la original distribución de los espacios interiores.

La fachada es de una sobria y elegante concepción neoclásica, donde la disposición simétrica de las aperturas aligera su robustez y crean un delicado juego de sólidos y aperturas, de luces y de sombras. Las naves se cubren con vuelta de cañón y fajones y en la intersección de la nave con el crucero se eleva una cúpula con tambor octogonal sobre conchas.

La plástica arquitectónica domina sobre la decoración. Las pinturas del interior son obra del pintor Luís Téllez-Girón y Belloch. También tenemos que comentar que en el altar mayor se dispone una hornacina central que alberga la imagen del Cristo de la Agonía, talla policromada del siglo XVIII.

EL CALVARIO:

La pujada del calvari a l’ermita de Potries.

La subida del calvario a la ermita de Potries.

A partir del siglo XV van surgiendo en Europa los primeros calvarios con su correspondiente vía crucis, aunque en nuestras tierras se desarrollan mayoritariamente en el siglo XVIII. Estos calvarios reproducían a nivel local el camino que Jesús hizo durante su pasión, desde el palacio de Pilatos hasta el Gólgota. Así, los cristianos que no podían peregrinar a Tierra Santa, tenían en su casa la vía sacra. El camino del calvario se acompañaba de las catorce estaciones, que solían ser capillitas de obra, normalmente decoradas con plafones cerámicos donde se representaban las distintas escenas de la Pasión, en las cuales el creyente se podía detener con objeto de reflexionar y rogar.

El calvario de Potries está constituido por un conjunto de construcciones hechas con ladrillo macizo, de base rectangular y unos dos metros de estatura, que se alinean junto a los cipreses que flanquean el camino adoquinado de la subida a la ermita. Aparecen rematados por unos sinuosos y elegantes frontones con volutas y coronados con una cruz, todo elaborado con barro hecho a molde en los la fábrica de ladrillos de la familia Aznar de Potries. Todas disponen en el frontal de plafones cerámicos con las estaciones del calvario.

Este calvario ya existía a finales del siglo XVIII porque tenemos constancia documental que en 1799 se construye un nuevo casalicio para albergar la imagen del Cristo de la Agonía. Durante la Guerra Civil (1936-39) se consumó la destrucción de los plafones cerámicos de este calvario, sustituidos todos el año 1954, año de celebraciones por el centenario del Cristo, momento en el cual suponemos que se dio el aspecto actual a las estaciones.

Observamos una de las estaciones del calvario de Potries.

Todos los años los vecinos del pueblo bajan en procesión por el camino del calvario las imágenes que se encuentran en la ermita, el Cristo de la Agonía y la Divina Pastora. Así, con la tradicional y pintoresca Procesión de la Bajada, se inician las fiestas Mayores de Potries, en los últimos días del mes de agosto, aunque antiguamente las fiestas se celebraban en el mes de octubre. Las imágenes permanecerán en la iglesia parroquial hasta el último día de fiestas, cuando vuelven a subir por el mismo camino hasta la ermita, en la Procesión de la Subida.

2.- EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA AGONÍA Y LAS FIESTAS:

En los últimos años del siglo XVIII vivían en Potries Bautista Fuster y su esposa Teresa Morant. En medio de su escasa fortuna conservaban, con esa veneración que las familias consagran a los objetos que heredaron de sus padres, una imagen de alabastro con el título de Cristo de la Agonía. Bautista Fuster murió el 27 de junio y su esposa el 14 de noviembre del año 1799, sucumbiendo esta última a la terrible enfermedad de la tisis. Siguiendo las preocupaciones vulgares de la época, se sacaron de la casa mortuoria el mismo día de la defunción de la mujer, todos los muebles, que junto con la imagen, tenían que ser pasto de las llamas, para que no se propagara la epidemia.

Se encontraba presente un hombre llamado Tomás Jiménez, natural de Caravaca y vecino de Potries, quién deseando salvar la imagen del Cristo, la pidió a los encargados de la quema. Pero era tan profunda la preocupación, que solo después de rogar y luchar un buen espacio de tiempo, consiguió al fin que se lo entregaron, pero cumpliendo con la orden del alcalde, no se atrevió a llevarla a su casa, y fue necesario colocarla en el casalicio de la última estación del Calvario. El buen Jiménez, auxiliado por su mujer Josefa Castillo, consiguió construir una pequeña capilla para alojarla.

Las obras de la ermita no se emprendieron, sin embargo, hasta que llegó el año 1854 y, con él, la terrible enfermedad del cólera, que tan profundas huellas ha dejado siempre en nuestra provincia. Potries fue tal vez el primer pueblo afectado, a pesar de su situación topográfica. El pueblo empezó a pedir que bajaran la referida imagen, y el señor cura accedió sin resistencia a la piadosa demanda. A las pocas horas todos los vecinos habían ocupado la iglesia parroquial, donde tenía que organizarse una importante plegaria de penitencia. Salió la procesión por las calles del lugar trayendo la imagen, vistiendo el señor cura una capa y trayendo al cuello una soga anudada. Los fieles siguieron su ejemplo, y durante la procesión expiró la última víctima. La fe los había salvado y la protección de la Sagrada Imagen quedaba evidenciada. Entonces se dio comienzo a las nuevas obras, a pesar de los obstáculos que ofrecía el terreno, y sobre todo a que la pobreza era general.

Nada de esto asustó en el Ayuntamiento y a los mayores contribuyentes, que en junta celebrada un 15 de octubre, aprobó la formal continuación de los trabajos. Cada vecino se convirtió en peón, y pobres y ricos contribuyeron a la conclusión de la obra, acabando en doce años una obra magnífica sin más recursos que la fe de un pueblo y la mano de la caridad.