HISTORIA DEL PORRAT DE SANT BLAI

EL SANTO

Sant Blai vivió a caballo entre los siglos III y IV en la región de Sebaste, la actual Armenia, y su vida está rodeada con una aureola de leyendas. Nos encontramos en una época convulsa en el Imperio Romano, marcada por el inicio de las incursiones bárbaras, las persecuciones de los cristianos y el edicto de Milán (año 313), pero, sobre todo, por las disputas entre el oriente y el occidente romano (o entre el emperador Constantino en occidente y Licinio en oriente).

Miembro de una familia acomodada, ejerció como médico en su ciudad, Sebaste, donde atendía a multitud de personas, pero, a la vez, ejercía una importante tarea evangelizadora transmitiendo su fe en Cristo. Estas cuestiones le hicieron ser un personaje muy estimado y de gran popularidad, llegando a ser obispo de Sebaste. Aunque el edicto de Milán toleraba la práctica del cristianismo y teóricamente ponía fin a las persecuciones, Licinio, enfrentado con Constantino, no respetó el edicto y mantuvo las persecuciones en las provincias del oriente, por eso San Blas huyó a refugiarse en una cueva del monte Argeo. Allí, dice la tradición, hizo vida eremita y sanaba a los animales salvajes que se acercaban a la cueva, por eso en algunos lugares fue también considerado protector de rebaños y ganaderos (también es patrón de los cazadores). Se le atribuyen infinidad de milagros, pero puede que el más conocido sea aquel en el que se le acercó una madre con su hijo que se ahogaba con una raspa de pescado y San Blas lo curó de morir ahogado, por esta razón San Blas es considerado un santo taumaturgo, protector de las enfermedades de la garganta. En su refugio del monte Argeo fue apresado por los soldados del gobernador Agrícola, a las órdenes de Licinio. Entonces fue persuadido de la apostasía de su fe, a lo cual se negó, y fue martirizado y muerto en el 316. La iconografía nos presenta el santo con los atributos de su estatus de obispo, el báculo y la mitra, y a veces en la mano el símbolo de su pasión, un peine de cardar lana, por esta razón es el patrón de los cardadores. Aunque también puede aparecer con dos candelas encendidas, o con un cerdito, en relación con el milagro que dice hizo devolver, sano y salvo, a un lobo salvaje el cerdito que había capturado.

LA DEVOCIÓN

San Blai forma parte del nutrido grupo de los santos y mártires de la iglesia que tuvieron una amplia difusión durante los primeros siglos de la era cristiana después de las grandes persecuciones, sobre todo a partir del siglo IV, y del edicto de Tesalónica del emperador Teodosio en el año 341. Por ejemplo, una de las primeras consecuencias del martirio y muertedel santo fue la conversión al cristianismo del pueblo armenio, ya en siglo IV, un pueblo que se ha mantenido fiel al cristianismo hasta nuestros días.

El culto a San Blai se extendió rápidamente, y así veremos cómo surgirán iglesias y ermitas bajo la advocación de nuestro santo durante los siglos dela alta Edad Media, en diferentes regiones y reinos del occidente europeo. Este santo que venía de oriente sintetizaba perfectamente el cristianismo con las ideas paganas de las muchísimas etnias que formarían desde entonces la sociedad europea de este periodo histórico, su carácter protector y taumaturgo lo atestigua.

Se le atribuirán, por ejemplo, propiedades de protección asegurando las cosechas del campo, en relación con los ritos paganos de la fertilidad; o protegiendo el ganado y las personas de las inclemencias del tiempo y de la naturaleza, las guerras o la violencia, pero sobre todo, de las enfermedades.

Puede que uno de los casos más singulares relacionado con la difusión del culto a San Blai sea el de la ciudad italiana de Maratea dónde desde el año 730 se conservan, en una iglesia construida sobre las ruinas de un templo pagano clásico, las reliquias del santo que llegaron de una manera legendaria por el mar; o la ciudad croata de Dubrovnik, devotos de San Blai desde el año 972, donde dice la tradición fueron salvados de la destrucción a manos de los venecianos por la intercesión del santo, y desde entonces es el patrón de la ciudad.

Tenemos que tener presente que en esta época la posesión de una reliquia proporcionaba una fuerza especial, sobrenatural, frente la adversidad, y hubo una verdadera obsesión por lograrlas.Durante las cruzadas los cristianos repartirán reliquias de todo tipo en todo los territorios cristianos, incluso uno de los objetivos de las cruzadas será la de salvar los lugares sagrados y sus reliquias de la mano de los infieles. A través de las reliquias se presentaba lo sagrado al pueblo de una manera visible, en un momento que la liturgia no llegaba a ser entendida claramente por toda la población, y menos en contextos rurales.

Entre los siglos XI y XIV asistiremos a otro periodo de expansión del culto a los santos y a sus reliquias, sobre todo de los mártires, favorecido por varias causas, como el espíritu de cruzada de la época bajo medieval frente el peligro del Islam (1ªCruzada del Papa Urbano II en el año 1095).